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Andrés Manuel
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Profirio Muñoz Ledo

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* Hoy es lunes, noviembre 20, 2006

Columnas de opinión

11:26 a. m.

La herencia a Felipe (3)

Detrás de la noticia
RICARDO ROCHA
20 de noviembre de 2006


También heredará la rabia. Igual un sentimiento furibundo de engaño. Y es que conforme pasan los días van saliendo más y más evidencias sobre los grandes negocios del sexenio. Y las explicables fortunas de toda la familia presidencial al amparo del poder bicéfalo que el país padeció a lo largo de estos seis años. La acumulación de riquezas ofende: ranchos, bahías, concesiones, cuentas aquí y allá, medios de comunicación y una larga lista de etcéteras. Si a estas alturas ya hay descubrimientos vergonzantes, una vez que termine el sexenio las revelaciones rebasarán cualquier escándalo anterior en materia de fortunas mal habidas. Puede usted darlo por un hecho. La ambición de los Fox, los Sahagún y los asegunes no ha tenido freno ni llenadero.

A este montón de provocadores abusos hay que agregar los horrores que empiezan a abrirse paso entre la masa aplastante de la propaganda oficial: resulta que, de acuerdo al INEGI, se triplicó la cifra de mexicanos en desocupación total este sexenio; en el pasado mes de septiembre más de un millón 700 mil no laboró ni siquiera una miserable hora; casi 15 millones de compatriotas sobreviven apenas gracias al comercio informal; ante el desempleo, la migración hacia Estados Unidos aumentó dramáticamente a 700 mil que intentan el cruce cada año; la población subocupada suma más de 3 y medio millones de personas, con un incremento de medio millón tan sólo en este último año de la administración foxista; la población económicamente activa (PEA) es de 44 millones 400 mil ciudadanos, pero la suma de desempleados, subocupados y participantes de la economía informal nos da 15 millones, uno de cada tres de la PEA en vulnerabilidad de empleo; otro dato estremecedor es que más de la mitad de la población en edad de trabajar lo hace sin asistencia médica ni planes de retiro; en pocas palabras, la clase trabajadora, los empleados y profesionistas han sufrido un deterioro sin precedentes en la historia contemporánea de este país.

Por eso Fox heredará a Calderón un pueblo agraviado y engañado. Porque este gobierno no cumplió, y aquello de la creación del millón de empleos anuales y el crecimiento al 7% fue una burla imperdonable.

Por eso y más la nación está a punto del estallido. A la larga lista de males enumerados hay que agregar los irritantes aumentos a la gasolina y la leche popular, más lo que se acumule esta semana. Y por si fuera poco, una encuesta reciente establece que 48% de la población cree que hubo fraude electoral en la elección presidencial. Si desde el poder previeron que la gente se cansaría o se resignaría, evidentemente han cometido graves errores de cálculo. La frustración y las desilusiones están encerradas, pero no vencidas por la resignación. Y hoy comienza precisamente una decena que podría resultar trágica por lo menos en el terreno de las inquietudes.

Esta tarde Andrés Manuel López Obrador asume como presidente legítimo de la República. Y en 10 días más Felipe Calderón Hinojosa deberá rendir protesta como presidente de la República, a secas. Los dos están absolutamente convencidos de haber ganado la elección, lo cual no puede ser posible. Y el único culpable de esta imposibilidad es Vicente Fox. Porque él, él, él trató de destruir a uno e imponer al otro con el uso impúdico de todos los recursos a su alcance y abrió así una vía de sospecha infinita que daña profundamente a México. Al grado de que según el mismo cuestionado Tribunal Electoral "puso en riesgo la elección" y su injerencia se convirtió en la mayor irregularidad del proceso.

Por eso estamos como estamos. Ante el absurdo de dos presidentes. Uno simbólico, pero resuelto a enseñar el músculo de las movilizaciones populares y la resistencia civil, hoy y hasta cuando se pueda y hasta donde se pueda. El otro, decidido a tomar posesión aun en medio del operativo militar-policiaco más impresionante de todos los tiempos y con el riesgo de protestas populares también sin precedentes.

Estas amenazas a la vuelta de la esquina son también parte de la herencia maldita de Vicente Fox a Felipe Calderón. Un legado ponzoñoso a pesar de todo el poder que representa. La pregunta es si Felipe podrá arrancarle ese veneno y hacer lo que tiene que hacer.

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Veinte de Noviembre

Plaza Pública
Miguel A. Granados Chapa


Vivimos un insólito, inesperado y presagioso 20 de Noviembre. Es todavía un día de descanso obligatorio, conforme a la ley laboral, y el calendario escolar lo incluye entre los de asueto. Es probable que en las ciudades donde los programas de protección al ambiente establezcan el "Hoy no Circula" esa disciplina se afloje.

Las familias, por lo tanto, saldrán de paseo y los amigos y parientes se reunirán alegres. Pero no es un 20 de Noviembre como los de antes, ni siquiera como el del año pasado.

No habrá desfile deportivo en la Ciudad de México. No, al menos, organizado por el gobierno federal. Alegando burocratización de esa práctica, fatiga de los que marchan y gasto mejor aplicable a otros menesteres, se puso fin a una tradición cercana a los setenta años de duración. Hay otros móviles, añadidos a los expuestos o que realmente indujeron a la decisión. Uno es de carácter ideológico.

El 20 de Noviembre recuerda, sí, el comienzo de la revolución proclamada por Francisco I. Madero en el Plan de San Luis. Pero el PRI había expropiado a la sociedad la recordación de ese fasto (y del acontecimiento histórico todo) y el PAN quiso distanciarse de esa posición, desembarazarse de esa carga. Lo hizo, como ha hecho casi todo, tarde y mal. Y entonces dio pábulo a que se suponga que la Presidencia (de donde partió la orden de cancelar el desfile) no quiso ni por asomo, ni tangencialmente, propiciar que los ciudadanos en general que en el Zócalo aplaudieran vistosas tablas gimnásticas se confundieran o fueran influidos por quienes en la tarde acudirán a un complejo y poliédrico episodio político, la asunción de un presidente "legítimo", diverso del "espurio", al que la legalidad vigente ha consagrado como electo y se dispone a ejercer el gobierno a partir del primero de diciembre.

Hay varios modos de entender el acto que protagonizará esta tarde Andrés Manuel López Obrador. Hay quienes lo perciben con desdén, como si se tratara de una astracanada, un sketch de carpa, y se mofan de las pretensiones de ser lo que formalmente no pudo alcanzarse, como algo divertido pero intrascendente. Hay quienes enfurecen, se irritan o decepcionan porque lo aprecian como la reacción de un mal perdedor, de un infractor contumaz e inveterado. En esa ladera no son pocos los fundamentalistas que buscan aplicar la ley al que se ostenta como lo que no es, en actitud semejante al médico que practica cirugías carente de la cédula y el título necesarios.

Estos últimos pueden estar tranquilos. El nombrado "presidente legítimo" por una multitud en el Zócalo el 16 de septiembre no buscará ejercer ni una sola de las diecisiete facultades y obligaciones que en el artículo 89 expresamente confiere la Constitución al titular del Ejecutivo, ni las demás que, igualmente con carácter expreso le reservan la propia Carta Magna y la legislación secundaria. Y respecto de la banda presidencial, tan minuciosamente la describe el artículo 34 de la ley del escudo, la bandera y el himno nacionales, que basta una diferenciación en la que se ciña López Obrador para que usarla no constituya infracción.

López Obrador promovió y aceptó su designación como legítimo porque no quiere, ni por contraste, admitir la legalidad de Felipe Calderón. Ser opositor, desde su punto de vista, legitimaría a quien carece de ese atributo, implicaría reconocerlo. Con ello se propone dar satisfacción a los millones de personas que se saben, suponen o sienten destinatarios, víctimas de un fraude. El proceso electoral se enturbió en varias de sus porciones y aquí y allá aparecieron irregularidades, amén de los abusos orquestados del presidente de la República, la cúpula empresarial y el IFE; y el Tribunal Electoral, como órgano jurisdiccional que resuelve controversias, ni como instancia constitucional de calificación actuó con vigor y transparencia, y así en vez de producir certezas, causó incertidumbre.

No es delito, ni pecado, descreer de la verdad oficial. Eventualmente puede constituir una infracción o un ilícito penal una reacción individual o colectiva contra la vigencia de la ley. Una huelga de contribuyentes, por ejemplo, es contraria a la norma y puede generar consecuencias adversas para sus practicantes. Pero es imposible castigar a quienes pagan impuestos refunfuñando al hacerlo y aun a quienes protestan ante la autoridad hacendaria por sus expoliaciones, pero no evaden ni eluden ni engañan al fisco.

López Obrador, que insistentemente se comprometió a admitir el resultado de un proceso legalmente realizado, pero quedó desvinculado de esa oferta a la luz de la manipulación y la opacidad electorales, inaugura una nueva forma de actuación política, que encoleriza a quienes no la comprenden y a quienes se benefician de las trampas, amén de aquellos ciudadanos que desean vivir en paz, aunque para ello deban resignarse al avasallamiento. La libertad de acción de López Obrador y de quienes comparten su percepción sobre el momento actual es tan amplia como los márgenes legales. Si no los infringen, los practicantes de la resistencia civil pacífica tendrán sólo el límite que su fuerza establezca.

Es deseable que el mitin de hoy en el Zócalo se disuelva en paz, con el ánimo festivo con que concluyó su similar del 16 de septiembre. Incurrir en la provocación, en la acción directa, en cercar por ejemplo el Palacio Legislativo desde hoy mismo marcará para mal el comienzo de esta nueva manera de hacer política. Y, sobre todo, sería ineficaz.

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Dios no se puede equivocar

Análisis
Fortino Cisneros Calzada


Dios no es tan malo como para dar a los oaxaqueños un gobernador de la calaña de Ulises Ruiz, tampoco tan malo que no quiera quitarlo; sin embargo, el mandatario repudiado dice que ni Dios puede deponerlo.

Esa blasfemia sólo es posible en México. Si Dios no se puede equivocar, tampoco el pueblo cuya voz grita ¡Fuera!

El poder político se origina en el contrato social, cuando muchos hombres renuncian a su libertad personal en aras del bien común y delegan la autoridad en una o varias personas que asumen la responsabilidad de velar por el bienestar general y de promover el progreso de los paisanos y el desarrollo del pais.

Con el tiempo, ese contrato se ha pervertido y ahora algunos gobernantes piensan que el poder es para servirse y los cargos un premio que deben aprovechar al máximo en beneficio propio.

Vicente Fox deja un país desgarrado, polarizado, enconado, donde no hay pánico pero si miedo; donde la mitad cree que hubo fraude electoral y la otra mitad que no lo hubo; donde el aparato electoral tuvo errores garrafales y los ministros exhibieron su incapacidad y venalidad; donde no hay autoridad de ninguna especie y cada funcionario echa la culpa a los demás, eludiendo la responsabilidad por la cual cobra los salarios más altos del mundo.

Hoy toma posesión Andrés Manuel López Obrador como "presidente legítimo" de México y la mitad de los mexicanos: los miserables, los pobres, los vulnerables, los desheredados lo vitorearan; pero, también le manifestarán su adhesión las mentes más brillantes del Anáhuac, los intelectuales de avanzada, los hombres libres de pensamientos evolucionado, los horrorizados con el deterioro que ha provocado a la calidad de vida de los mexicanos y al entorno ecológico el proyecto neoliberal; los que saben el valor real de la educación pública, la medicina institucional, la permeabilidad social y todo lo que engloba la justicia social.

Los medios de comunicación comprometidos, desvirtuarán este evento; pero, nada puede empañar la lucha de quienes desean que México recupere el camino que le dio grandeza y fortaleza.

El primero de diciembre tomará posesión de la Presidencia de la República Felipe Calderón Hinojosa. Su asunción transita un camino lleno de escollos y cabe la posibilidad de un tropiezo grave. Quiso tender los puentes que garantizaran la gobernabilidad; pero, la tosudez de Fox ha generado un caos tremendo en todo el territorio nacional, que pesará sobre su gobierno. Felipe está obligado al deslinde y a la reparación de los daños provocados por la pareja imperial.

Las campañas mediáticas tuvieron algún efecto antes de la elección, ahora son irritantes por lo absurdo y chabacano. ¿Quién puede creer que México es el paraíso, cuando el deterioro se ve por donde se ponga la vista? ¿Quién puede creer en los medios cuando las palabras afirman los contrario de lo que se ve?

Calderón dedica sus esfuerzos a atender la imperiosa necesidad de sosegar el ánimo de los mexicanos, de conciliar a los adversarios; pero, le pesan mucho algunos de los simpatizantes claves en su campaña. Tiene buenas intenciones, pero eso ya no basta.
Dios no se equivoca y Ulises Ruíz no debe estar tan confiado; pero, orita, ni el Señor puede decir quien tiene la razón.


Por : trueeyes




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