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“Sufragio efectivo, no imposición"

Andrés Manuel
López Obrador


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Profirio Muñoz Ledo

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* Hoy es domingo, diciembre 17, 2006

Notas varias

5:37 p. m.

Esta nota, aunque publicada el dpia de ayer en el periódico "Por Esto!", es bastante interesante.

Se le "perdió" al Cisen

Sábado, 16 de diciembre de 2006
"Por Esto!"
Rafael Gómez Chi


Durante dos horas, Andrés Manuel López Obrador, Presidente Legítimo de México, se sacudió la sombra del Centro de Investigación y Seguridad Nacional/ "¡Mi Presidente!"

Andrés Manuel López Obrador se sacudió la sombra del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) un par de horas. La noche del jueves el tabasqueño arribó a Mérida por carretera, procedente de Cancún, pero la discreta escolta del Cisen que lo acompañaba desde Quintana Roo lo dejó de seguir en el semáforo donde se ubica el centro nocturno Safaris 2000, a un par de kilómetros del Anillo Periférico. El trabajo, pues, tocaba a los agentes que laboran en Yucatán.

Todo parecía normal hasta que, al filo de las once de la noche, sumamente preocupados y nerviosos, se dieron cuenta que no sabían nada de López Obrador, quien para esa hora se despedía del director general de POR ESTO!, el periodista Mario Renato Menéndez Rodríguez, después del fraternal encuentro.

Los llamados "orejas" del Cisen, entonces, llamaron, preocupados al cronista.
--¿Dónde se hospedó Andrés Manuel? --preguntó uno de ellos.
--No lo sé --respondió, con fría sinceridad, el reportero.
--¿No lo sabes? Si nos dicen que acaba de estar con tu jefe...
--No lo sé.
Colgó.
Transcurrieron unos minutos y el teléfono celular del periodista volvió a vibrar. Era otro "oreja", esta vez, del Gobierno del Estado.
--¿Dónde está Andrés Manuel?
--No lo sé --volvió a machacar, impasiblemente, el reportero.
Colgó.

El reloj ya marcaba los primeros minutos del viernes 15 de diciembre de 2006 cuando el teléfono volvió a vibrar. Era, de nuevo, el del Cisen.
--¿En serio no sabes donde está Andrés Manuel?
--Que no.
En verdad estaban preocupados. No podía ser que le perdieran la pista al Presidente Legítimo de México porque eso suponía una falla garrafal del Big Brother del gobierno usurpador.
Poco después de la una de la mañana otro "oreja" volvió a tener contacto con el cronista para preguntar por el tabasqueño, pero sin éxito. Parecía preocupado. El periodista, entonces, apagó el teléfono.
Amaneció.

Un poco antes de las diez de la mañana un agente del Cisen dijo al cronista que Andrés Manuel se les "perdió" por unas horas hasta que encontraron el hotel donde se hospedó. "Estaba en El Conquistador, a las dos de la mañana lo encontramos", confirmó. "Cabrón, estábamos preocupados".

El cerco sobre López Obrador de parte del gobierno usurpador es impresionante. No sólo lo espían en todo momento y a todas horas, sino que deben llevar reportes bien detallados de sus actividades. Qué hace, con quién se reúne, qué come, donde se hospeda y qué dice, son los informes que se escriben en torno al político tabasqueño al que no deben perderle la pista.

Una vez que lo ubicaron ayer en Yucatán, ya no lo dejaron. Inclusive los medios de comunicación afines al pelele, como López Obrador llama al presidente usurpador Felipe Calderón Hinojosa, acudieron al evento en la Cámara de Comercio, aunque no precisamente a reportear.

Algunos corresponsales lo hicieron sólo "para orejearle a los jefes" y otros porque su espíritu social no les permitió abandonarse a la desidia. Finalmente, algunos corresponsales de los llamados "medios nacionales" hicieron a un lado las razones de sus empresas y dijeron: "Yo mando la nota, si ellos la quieren parar, que lo hagan, que no quede de mi parte la censura". Y así fue.

Y es que Andrés Manuel López Obrador es noticia. Su sola presencia causa aspavientos, arranca suspiros de sus seguidores, coraje en quienes lo odian, y simpatía en quienes desean un país mejor. Pero nadie permanece indiferente. Por eso él, muy seguro de sí mismo, presume de tener algo que el usurpador no tiene: autoridad moral.
En el Centro de Convenciones de la Cámara de Comercio el evento se programó para las diez de la mañana. Sin embargo, a esa hora la afluencia, en verdad era escasa. Sólo una pequeña parte de las sillas permanecía ocupada y a las afueras algunos militantes y dirigentes del Partido de la Revolución Democrática esperaban al tabasqueño.
La prensa llegó al filo de las diez y media. Aunque algunos ya se encontraban en el sitio los demás fueron arribando poco a poco. Un fotógrafo de agencia dijo: "Yo vine porque este cabrón vende, es nota". A las puertas, un ventero de chicharrones tenía un ojo al gato y otro al garabato. Estaba tan imbuido en la conversación en torno a la política, al movimiento de López Obrador que por un momento se distrajo y echó salsa de más a uno chicharrones.

Algunos minutos antes de las once el recinto todavía no estaba lleno. No faltó el siniestro personaje pesimista que dijera que todo habría de fracasar, cuando, de ambas esquinas comenzó a aparecer más gente. El auditorio, pues, lució repleto.
López Obrador llegó a bordo de su camioneta Suburban blanca. Vestía una guayabera de manga larga y pantalones caqui. Descendió en medio de gritos y porras. "¡Presidente! ¡Presidente! ¡Presidente!".
Una mujer se arrojó a sus brazos.
--¡Mi Presidente!
El se dejó apapachar.

Cornelio Sonda May sostuvo una cartulina frente al tabasqueño. En ella pedía justicia para los campesinos de Oxcum. Y Eleazar Canul Chacón, de Caucel, se aproximó para entregarle unas fotocopias en las que explicó el "criminal despojo de tierras" a manos de Patricio Patrón Laviada.

El texto decía, en una de sus partes medulares: "Señor licenciado, hoy se está repitiendo la historia de los primeros años de la Conquista, cuando aquellos indígenas se dejaron deslumbrar por unos viles espejos que codiciosos españoles les dejaron para que a cambio les entregaran oro".

López Obrador tomó la carta y sonreía. No dejaba de hacerlo. Se volteaba de un lado a otro, abrazaba a las mujeres y saludaba a los hombres. "¡No estás solo! ¡No estás solo!", le decían unos y otros.

En el estrado Lindia Quiroz Zavala se refirió al usurpador como "el pelele de la mafia de cuello blanco". "Por eso el 16 de septiembre más de un millón de delegados decidió abolir el régimen de privilegios", subrayó para recordar la Convención Nacional Democrática.

La mujer, firme, recordó la herencia histórica de los yucatecos: la Guerra de Castas, el Partido Socialista del Sureste y Felipe Carrillo Puerto, el voto femenino con Elvia Carrillo Puerto, la herencia del movimiento sindical de Efraín Calderón Lara, El Charras, vilmente asesinado.
"Este movimiento es por la nueva república, es porque Yucatán y México merecen un mejor destino", subrayó.

Y López Obrador, atento, no perdía detalle a un par de metros de ella, con el Aguila Republicana de Benito Juárez detrás. Y unos metros más allá, los dirigentes del perredismo unidos, aunque no revueltos. Como en pocas ocasiones se miró en un solo lugar su separados por algunos centímetros a Eric Villanueva Mukul y Eduardo Sobrino Sierra. Estaban ahí Marbella Casanova Calam y el doctor Gilberto Balam Pereira, así como dirigentes de Convergencia, Fermín Uicab Caamal, entre ellos. Todos juntos escucharon a López Obrador, quien en su discurso arremetió contra los de la derecha que se quitaron la máscara, subrayó los alcances de su movimiento, detalló sus recorridos por el país y se dio tiempo de arrinconar a las cuerdas al diputado Emilio Gamboa Patrón después de recordar el "más grande fraude a los mexicanos: el Fobaproa".

"Aquí en Yucatán les pregunto qué diferencia puede haber entre un Gamboa y Diego Fernández de Cevallos". Y la gente, emocionada, silbó en señal de repudio. "Si hasta son parientes, hasta comen del mismo plato", subrayó el tabasqueño.
Al final del discurso señaló el Aguila Republicana. "No se parece a aquel águila mocha del traidor a la democracia, véanlo bien", dijo apuntándola.
La gente cantó el Himno Nacional Mexicano.

López Obrador, entonces, se acercó a saludar a algunas mujeres que rompieron el cerco de seguridad personal del tabasqueño. Lo volvieron a abrazar, lo llenaron de sudores y de aromas, le dieron cartas y flores, le dijeron que él era su presidente y nadie más.

Entonces el tabasqueño miró al cronista. "Le dices a Mario que muchas gracias por la cobertura", dijo al periodista y descendió por unas escaleras a un costado del Centro de Convenciones y abordó su Suburban.

Sobrino Sierra se quedó jugando su teléfono celular. La gente, poco a poco, volvió a la normalidad, pero con la mente fija en el gobierno itinerante de López Obrador, cuya figura, entonces, ya no perdió de vista el Cisen sino hasta que se aseguraron de que estaba en territorio campechano.


Por : trueeyes




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