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* Hoy es domingo, septiembre 10, 2006

Editoriales 10 de septiembre

1:19 p. m.

El poder de los consumidores

Areli Carreón*
"La Jornada"


La sociedad civil tiene un poder real, pacífico y legal que ha sido poco usado en México: su poder de elegir lo que quiere consumir. Millones de ciudadanos en todo el planeta han ejercido este poder de elección y han participado en campañas de boicot, es decir, campañas en las que mediante su decisión o fuerza aplicada al consumo obligan a empresas y gobiernos a respetar el medio ambiente, los derechos humanos y civiles.

Existen cientos de ejemplos exitosos de esta poderosa fuerza civil en acción, entre ellos destacan: el boicot de 1985 a comercios de personas blancas en Sudáfrica que contribuyó a terminar con el apartheid, o recientemente el de los consumidores europeos que ha obligado a todos los fabricantes de alimentos a no usar ingredientes transgénicos, riesgosos para la salud y el medio ambiente.

Corporaciones trasnacionales como Nestlé, Nike, Texaco, Exxon Mobil, McDonald's y Coca-Cola se han visto forzadas a cambiar algunas de sus prácticas o políticas cuando los consumidores dejan de comprar sus productos. La pérdida de ganancias y de clientes va directamente en contra de los fines de lucro de estas corporaciones.

El poder del consumidor es demoledor primero que nada porque es legal y legítimo, puesto que decidir lo que uno compra o deja de comprar es un derecho incuestionable. Nadie puede obligarnos a comprar lo que no deseamos, así que pacíficamente podemos demostrar nuestro rechazo o apoyo a las conductas de las empresas. Este poder no se ejerce una vez cada seis años, sino todos los días. El poder de elegir se transforma en una poderosa fuerza cívica que está en manos de las personas, no de los políticos ni de las instituciones.

Participar en un boicot es sencillo, fácil y cotidiano, por lo que muchas personas diferentes con distinta disponibilidad de tiempo puedan colaborar en este tipo de esfuerzos sin importar en qué parte del país se encuentren: entre más personas colaboren con un boicot, más poderosa es la capacidad de cambio que se ejerce sobre una compañía. Los boicots tienen una fuerza moral que no puede ser expropiada, porque permiten expresar de forma pacífica, legal y legítima el compromiso de los ciudadanos con principios morales como el respeto al medio ambiente y a los derechos humanos, laborales o cívicos, por encima de las pugnas de la clase política. El boicot es una herramienta de democracia directa para que los ciudadanos ejerciten su poder real, sin intermediarios.

¿Cómo se hace un boicot?

Primero que nada se identifica a una institución o corporación con una conducta ambiental, social o cívica claramente inaceptable. Se documenta esta conducta antisocial de una manera clara y sencilla, pero con datos verificables. Se difunde esta información lo más ampliamente posible por cartas a periódicos, estaciones de radio, mensajes de Internet, páginas web, carteles, volantes, etiquetas, etcétera. Se comunica claramente a la empresa la conducta que debe modificar y cómo hacerlo. Por ejemplo, se demanda a Maseca que deje de utilizar maíz transgénico importado en nuestras tortillas, ¿cómo? comprando solamente maíz mexicano. Si la compañía no responde, entonces se llama al boicot, invitando a la mayor cantidad posible de personas a que a partir de una fecha claramente estipulada dejen de comprar el producto de la compañía.

El boicot, para ser exitoso, debe organizarse para que los consumidores que participen le informen a la compañía que no comprarán su producto e invitarán a más personas a no comprarlo hasta que la compañía cambie. Esta presión sobre la compañía debe ser constante hasta que se logre el cambio demandado y debe contemplar mecanismos para saber cuántas personas están sumándose a él.

Cada día que pase sin que la compañía modifique su conducta, es una oportunidad para que más personas se sumen a este mecanismo de participación ciudadana, lo que significará pérdidas económicas crecientes para la empresa en cuestión.

Por lo general, muchas compañías responden rápidamente ante los boicots, porque están diseñadas para responder a las demandas del cliente, reduciendo las pérdidas.

Grandes corporaciones trasnacionales que ya han experimentado la fuerza de los consumidores, intentan ignorar o minimizar el impacto del boicot para tratar de controlar el daño que le hace a la compañía, pero un boicot con demandas claras, bien difundido y bien organizado es prácticamente invencible.

En México es urgente aprender a poner en práctica este poder ciudadano para nuestro propio beneficio. Si como consumidores no aprendemos a demandar responsabilidad, calidad, servicio y ética, muchas compañías continuarán ofreciéndonos transgénicos, como Maseca; y contaminando el medio ambiente con productos tóxicos de los que no se hacen responsables o deforestando nuestros bosques mediante la tala ilegal.

Con nuestra fuerza de consumo también podemos premiar a las compañías comprando preferencialmente productos orgánicos, de comercio justo o a las empresas que hacen negocios de manera responsable, respetando a los consumidores, al medio ambiente y al bienestar común.

* Coordinadora de la campaña de consumidores de Greenpeace México.

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Tribunal electoral y convención

Antonio Gershenson

El tribunal electoral no hizo sino confirmar el fraude electoral, cayendo además en contradicciones. Primero, legaliza, con diversos pretextos que nada tienen que ver con los hechos ocurridos. Varios de estos hechos fueron grabados o filmados, o bien asentados en las actas del propio tribunal: exceso de boletas, que implica que las urnas fueron rellenadas, evidentemente con votos en favor del candidato de la derecha; robo de votos, en su mayoría en favor de López Obrador, de los cuales algunos aparecieron después en basureros u otros sitios, y en otros casos sobres de boletas de voto abiertos ilegalmente. Debieron haberse anulado miles de casillas por estos motivos. En el caso de urnas rellenadas, inclusive hay jurisprudencia del propio tribunal. Con sólo este último caso, el total de casillas anuladas era suficiente para dar la victoria a López Obrador.

Lo más reciente en este sentido fue la evaluación acerca de si las irregularidades relacionadas con el asunto justificaban la anulación de las elecciones. El tribunal dice que las declaraciones del Presidente en el proceso "se constituyeron en un riesgo para la validez de la elección". Reconoce la ilegalidad de los espots del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y también los del PAN, aunque creo que no usaron el término guerra sucia que se utilizó en el lenguaje común. En los casos en que la hubo, la "sanción" no pasó de una amonestación, es decir, sólo un regaño.

Para tratar de diluir el efecto de estas medidas en la afectación del número de votos por López Obrador, el tribunal dice que éstos fueron afectados también por el lenguaje que éste usó y por no haber participado en el primer debate. La baja en las encuestas se refleja antes del primer debate.

Los puntos de ventaja de López Obrador sobre Calderón que marcaban las encuestas en los primeros meses de 2006, eran de ocho a diez. La encuesta de salida del día de la elección, equiparable a las mencionadas por una de las mismas, fue de 2.5 por ciento. Si de los primeros porcentajes tomamos el promedio, que nos resulta 9 por ciento, en ese periodo la ventaja de López Obrador se redujo en 6.5 por ciento. Recordemos que la ventaja de Calderón en los datos oficiales fue de poco más de 0.5 por ciento. Aun si la intromisión presidencial en las elecciones, la guerra sucia y las intervenciones ilegales del CCE, sumadas, contaran sólo en una tercera parte en la baja de López Obrador en las encuestas mencionadas, sería más del triple que la diferencia oficial de votos entre ambos candidatos, o sea, que esos actos negativos alteraron sustancialmente el resultado de la elección. Visto desde otro ángulo, la "ventaja" de Calderón, según los datos oficiales, fue de dos votantes por casilla. ¿Acaso esos tres factores negativos sumados no pudieron hacer cambiar su voto hacia la derecha a más de dos votantes por casilla? En el artículo 41 de la Constitución se requieren en las elecciones las condiciones de "certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad" como principios rectores. O sea, no hablamos ahora de mostrar el triunfo de López Obrador, que se desprende de estos datos, sino la falta de certeza del supuesto triunfo de Calderón en esas circunstancias. Esta falta de certeza llevaría a la anulación de las elecciones. Claro, el tribunal no lo hizo.

Otro factor que llama la atención. Este mismo tribunal, cuando declaró nulas las elecciones de gobernador en dos estados, lo hizo por votación dividida. O sea, sin las presiones o posibles ofertas de esta ocasión en que había tantos intereses involucrados, expresaron distintas posiciones y, en ambos casos, anularon las elecciones. Ahora, desde el principio de la actuación del tribunal, todas las votaciones fueron unánimes, a pesar de que había cuestiones a decidir de las cuales por lo menos algunas eran bastante complicadas, inclusive la posible anulación de las elecciones.

La alternativa está a la vista: la convención nacional democrática. Uno de los puntos que más claramente juegan un papel positivo es el programa, que se ve que tendrá no sólo elementos políticos y económicos, sino, de manera mayor que durante la campaña electoral, sociales. Numerosos sectores se están reuniendo, consensuando sus demandas y preparando propuestas derivadas de ellas para llevarlas a la convención.

La convención se dará en un contexto complicado. La izquierda tiene ya, en el marco legal vigente, muchos legisladores, varios gobernadores -a los que podría agregarse, el mes próximo, el de Tabasco-, la jefatura de Gobierno del Distrito Federal y numerosos presidentes municipales. Fue la combinación entre la gente en el Zócalo, los legisladores en San Lázaro y una dosis de astucia, lo que permitió que el Presidente, por primera vez, no leyera su discurso, sino sólo entregara, como dice la Constitución, su Informe por escrito. Además, hay sindicatos democráticos y otras organizaciones sociales de las cuales por lo menos una parte actúa en el marco legal vigente.

Un primer propósito de la convención es, obviamente, la sobrevivencia. Al mismo tiempo debe ser concebida para actuar en el largo plazo: ese sistema lleno de corrupción y de privilegios no se va a superar fácil ni rápido. De ahí que, por ejemplo, se proponga que la convención se reúna cada seis meses. El fortalecimiento progresivo es el que puede permitir avances cada vez mayores. Por otro lado, si la convención da lugar a un gobierno, dado que se trata de un movimiento pacífico, hay un elemento: que este gobierno, a diferencia de los otros, no tendría fuerzas armadas. Como vemos, hay varias singularidades en esta situación.

Es deseable que lo que se derive de la convención tenga, también, un aspecto productivo. Una parte del programa en esta área podría traducirse en hechos, como sucedió en su momento, por ejemplo, con la Cooperativa Pascual.

Se trata de un movimiento de resistencia, incluyendo la oposición a medidas desnacionalizadoras, pero, a estas alturas, también lo es de solución de problemas y de construcción de una nueva realidad.


Por : trueeyes




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