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Andrés Manuel
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Profirio Muñoz Ledo

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* Hoy es sábado, septiembre 09, 2006

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4:38 p. m.

Calderón, a salto de mata por repudio
  • Protestas acorralan a Calderón en su tierra; suspende un acto
  • Cientos de agentes federales y estatales lo custodian para evitar a seguidores de López Obrador
  • Ofrece "todo el apoyo" a Cárdenas Batel para combatir en Michoacán el crimen organizado
CLAUDIA HERRERA BELTRAN ENVIADA

Morelia, Mich., 8 de septiembre. A salto de mata, Felipe Calderón realizó su primera gira como presidente electo. Debido a las protestas de perredistas, tuvo que cancelar un acto y después reponerlo, custodiado por cientos de elementos de la policía estatal, la Agencia Federal de Investigación y el Estado Mayor Presidencial (EMP). Sólo permaneció tres minutos en el monumento a José María Morelos y Pavón.

Sitiado por los agentes de seguridad y por otro grupo de manifestantes que acudieron al Centro de Convenciones de la entidad, donde el michoacano se reunió con la militancia panista, advirtió que no se enganchará en provocaciones ni en reyertas políticas injustificadas. Retomó el discurso de cuando era candidato y advirtió que prevalecerá la fuerza de los pacíficos sobre los violentos. Asimismo, se congratuló de haber derrotado a los que se decían "indestructibles, inderrotables, invencibles".

Tres días después de la aparición de cinco decapitados en esta entidad, prometió que apoyará al gobernador perredista, Lázaro Cárdenas Batel, con toda la fuerza de la Federación para enfrentar las expresiones de barbarie y delincuencia que se han dado en esta entidad. Eso, "a pesar de que en algunos segmentos de este partido se siembran insistentemente la discordia, la sinrazón, la ira y el odio hacia los demás y hacia nosotros", expresó en abierta alusión a un sector del PRD.

Calderón escogió su tierra natal para hacer esta primera visita, después del fallo del tribunal electoral, pero desde su llegada se encontró con la inconformidad de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador.

Sabedores de que habría manifestaciones, los colaboradores del michoacano y del PAN estatal informaron a la prensa una agenda equivocada, para despistar a los inconformes. Poco después de las cuatro de la tarde, los dos autobuses que transportaban a los reporteros hicieron una parada en la Plaza Morelos, no en Casa Morelos, donde originalmente se había programado la primera actividad.

A esa hora, no había señales de que Calderón fuera a estar ahí. Pero en minutos, elementos del EMP, apoyados por 250 agentes de la Dirección Federal de Seguridad Pública y de la Policía Estatal Preventiva, colocaron decenas de vallas y convirtieron en búnker el monumento a José María Morelos y Pavón.

A decir de Mario Bautista, director de Seguridad Pública estatal, dispuso un "operativo especial" para resguardar al panista, en el que participó la mitad de los 500 elementos de las policías estatales.

Apenas habían rodeado el lugar, unos 300 manifestantes llegaron al grito de "¡Obrador, Obrador, aguanta, el pueblo se levanta!", con pancartas en repudio al visitante.

Eran miembros de la Asamblea Popular del Pueblo de Michoacán, que desde julio mantiene un plantón en la plaza Melchor Ocampo, en demanda del conteo voto por voto. Primero se acercaron a los policías, pero luego se replegaron a una esquina de la avenida Acueducto.

Hasta ese momento, los organizadores estaban confiados en que el homenaje a Morelos podría efectuarse sin problemas. A unos metros de los inconformes, el presidente municipal de Morelia, el panista Salvador López, daba entrevistas y decía que estaban preparados. Incluso, Calderón se encontraba a unas cuadras, comiendo en la casa de su familia.

En el lugar, las protestas no cesaban. Un hombre se paseó enfrente de los policías con unas 10 urnas entrelazadas y con un letrero que decía: "Estamos encabronados".

Al mismo tiempo, sus compañeros gritaban consignas. "¡Lo quiera o no lo quiera, Felipe se va pa' fuera!". ¡Felipito, Felipito, dónde estás, dónde estás...! ¡Asesino, asesino!".

Otro sostenía una pancarta con la leyenda: "A qué vienes pinche usurpador".

Inmutable, la banda de guerra seguía a la espera de que llegara el invitado para iniciar el homenaje. Pero a las 17:24, el equipo de Calderón anunció que se cancelaba el acto y a toda velocidad subió a los reporteros a los autobuses.

El alcalde argumentó que por órdenes del Estado Mayor Presidencial se suspendió la colocación de la ofrenda floral. "Lo hacemos por prudencia. Si no se puede, tampoco se trata de ser héroes", explicó el panista.

Me enseñan sus credenciales

A partir de ese momento comenzó una carrera por evadir a los manifestantes. Los autobuses en los que viajaba la prensa arrancaron de inmediato para alcanzar a Calderón, quien ya no llegó al lugar de la protesta y mejor fue llevado al Centro de Convenciones, no al Teatro Morelos, donde se había dicho que se realizaría la reunión.

El Centro de Convenciones había sido transformado en otra fortaleza, pero afuera también había cientos de manifestantes.

Repentinamente, alguien del EMP se subió al camión de la prensa y amenazante gritó: "¡Me enseñan sus credenciales!", y recorrió rápidamente el pasillo del vehículo.

"Soy Norma Aguinaga, vengo de Presidencia, de transición", exclamaba una de las integrantes del equipo de prensa del PAN para exigir al individuo que le permitiera el ingreso. De poco sirvió, porque transcurrieron varios minutos y los reporteros continuaban a bordo del autobús en espera de la autorización.

Al final, los reporteros lograron pasar los retenes de vallas y arcos detectores de metales. Resguardado detrás de las paredes del centro, Calderón hablaba como si no ocurriera nada en el exterior. En el podio se encontraban el senador José González Morfín; el alcalde de Morelia, Salvador Vega, ex responsable de la campaña, y Max Cortázar, titular del área de comunicación del equipo del presidente electo.

Mientras afuera se hacía una hoguera con las credenciales de elector, adentro el panista declaraba que había llegado la etapa de los acuerdos y, emocionado, decía que para él iniciaba otra faceta que no dejaba de ser "emocionante, nostálgica y desafiante". El auditorio respondió con un ¡sí se pudo, sí se pudo!

Luego, aludió al problema de la delincuencia en el estado. Señaló que sin importar que el gobernador sea de un partido distinto al suyo, lo apoyará, y aprovechó para invitar a Cárdenas Batel y a todas las fuerzas políticas en Michoacán a que "entiendan que deben trabajar juntos".

Fue cuando invitó a los panistas de Michoacán a no responder a las provocaciones, y proclamó que la fuerza de los pacíficos prevalecerá sobre la de los violentos.

En cuanto concluyó su discurso, Calderón abandonó el auditorio; ya ni siquiera agradeció los aplausos, porque aprovechó que los manifestantes se encontraban concentrados en el Centro de Convenciones para trasladarse a la Plaza Morelos.

Todos arriba

Y la prensa de nuevo fue subida a los autobuses a toda velocidad, no importó que varios reporteros se quedaran. "No vamos a discutir. Todos arriba", fue la orden.

El chofer de uno de los autobuses sólo escuchaba órdenes de los elementos del EMP. "¡Ya arráncate, ya arráncate!", y a claxonazos se abrió paso entre los coches. Sin importar que los semáforos estuvieran en rojo, siguió su camino para alcanzar al michoacano.

A las 18:59 horas, la Plaza Morelos estaba completamente cercada por policías estatales. Alrededor había vehículos de Protección Civil y de Bomberos.

Preocupado porque, en la confusión, la esposa de Calderón y su hijo Juan Pablo habían quedado al alcance de los reporteros, uno de los elementos del EMP le pidió que se trasladara adelante. "Estoy bien, estoy bien", respondía la ex diputada.

En medio de este estado de sitio, junto con el alcalde de Morelia, el panista cargó una corona de flores que decía: "Lic. Felipe Calderón Hinojosa", y montó una guardia de honor de apenas unos segundos. La banda de guerra tocó una diana y todo se acabó en tres minutos. Eran las 19:02.

A Calderón no pareció importarle, porque cuando estaba por abordar su camioneta se le preguntó si no le preocupaba esta situación. Su respuesta fue: "No, estoy muy contento aquí en mi tierra".

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Bloqueos

Luis Hernández Navarro
"La Jornada"


Una profunda crisis política sacude al país. Las reglas que norman la alternancia en el poder entre las elites han sido violentadas. Arriba no hay acuerdo, ni posibilidad de que lo haya a corto plazo. La toma de la tribuna del Palacio de San Lázaro por los legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido del Trabajo (PT) para impedir el discurso del presidente Fox este 1º de septiembre es muestra de ello.

Una severa crisis en el modelo de mando atraviesa las relaciones de dominación en amplias regiones del territorio nacional. Quienes están acostumbrados a obedecer se niegan a hacerlo. Quienes se creen destinados a mandar no pueden imponer su mando. Los de abajo se han vuelto desobedientes. Cuando los de arriba quieren imponer su parecer, en nombre de la ley, los de abajo no les hacen caso. Allí están Oaxaca, Chiapas, los mineros de Lázaro Cárdenas, los campesinos de Atenco.

Crisis política y crisis del modelo de mando se han empalmado. Aprovechando la bronca arriba, millones de personas de abajo han expresado su insumisión. No están dispuestos a aceptar más imposiciones. Se cuelan por las rendijas que el pleito, arriba, deja libres.

El país no cabe en el régimen político. El conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder, su ejercicio y sus valores, ha sido secuestrado por los poderes fácticos. Ellos las han tomado en rehenes. Quienes exigen al PRD que se defina entre el camino de las leyes y la movilización social se comportan como el ladrón que al ser descubierto grita "al ladrón". Ellos han sido los primeros en imponer una fuerza extralegal a las instituciones. ¿Qué otra cosa si no es el famoso Pacto de Chapultepec de Carlos Slim?

Al llegar a la Presidencia de la República en 2000, Vicente Fox tuvo la posibilidad de emprender una profunda reforma del Estado que transformara al viejo régimen, ya para esas fechas claramente rebasado por la sociedad. Decidió no hacerlo para utilizar a su favor las herramientas que le permitían un uso discrecional del poder del presidencialismo.

Esas herramientas son las que fueron utilizadas para intervenir en el proceso electoral a favor del candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón Hinojosa. Esas herramientas fueron el instrumento para que los empresarios agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), el oligopolio de los medios de comunicación electrónicos, líderes sindicales corruptos como Elba Esther Gordillo, sectores de la jerarquía de la Iglesia católica y los grupos de fachada de la ultraderecha mexicana participaran ilegal e ilegítimamente en los comicios del 2 de julio a favor de Calderón.

Quienes se escandalizan con el plantón de Reforma y con la toma de la tribuna de la Cámara de Diputados son los mismos que bloquean la representación política de más de 15 millones de mexicanos que votaron en las urnas y muchos millones más que no lo hicieron, porque de por sí han visto bloqueada desde siempre una inserción no subordinada en la política institucional. Son quienes obstruyen la participación de millones de mexicanos en la esfera de los asuntos estatales. Son quienes han secuestrado el gobierno federal haciendo uso faccioso de sus programas. Son quienes impiden que las voces que no están de acuerdo con la imposición se escuchen en los medios de comunicación electrónicos.

Para recuperar las instituciones de representación política no hay otra opción que acorralar a esos poderes con la movilización social. No hay más ruta que vaciarlas de autoridad bloqueando su funcionamiento. No hay más camino que evidenciar, paso a paso, la ilegitimidad de quienes se asumen como gobernantes.

Así las cosas, los bloqueos de vías públicas o de tribunas legislativas ejecutados por ciudadanos movilizados son una respuesta a los bloqueos informativos y de representación política que los de arriba hacen. Son una respuesta a una obstrucción previa.

Los bloqueos han sido un arma de lucha eficaz en diversos países de América Latina. Ante las limitaciones que formas de protesta tradicional, como la huelga general, tienen en países donde la economía informal ha crecido masivamente hasta el punto de hacer de los empleos formales una minoría, los bloqueos permiten que la multitud provoque situaciones de presión política. Su ejecución impide el movimiento de mercancías y de fuerza de trabajo. Provoca pérdidas al mundo empresarial. Los piqueteros argentinos los han puesto en práctica con éxito. Las revoluciones bolivianas del agua y del gas hicieron de ellos parte central de su estrategia contra la privatización de los recursos naturales. ¿Por qué México debe ser una excepción?

La crisis política que sacude al país tendrá una solución desfavorable para el campo popular si éste se repliega a sus casas o hacia las instituciones. Hoy, más que nunca, hay que acorralar a los poderes fácticos en las calles. Los que subestiman el encono popular no saben de lo que hablan. Y si no, que se den una vuelta por Oaxaca para saber lo que nos espera.


Por : trueeyes




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