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Andrés Manuel
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Profirio Muñoz Ledo

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* Hoy es domingo, octubre 08, 2006

Análisis político

11:23 a. m.

Calderón: Crisis a la carta

gerardo albarrán de alba
"Proceso"


México, D.F., 8 de octubre (apro).- En los cálculos de la administración foxista, Oaxaca bien vale una misa. Sin renunciar del todo a la posibilidad de reprimir al movimiento social y magisterial que desde hace más de cuatro meses evidenció la crisis de gobernabilidad en el estado, la Secretaría de Gobernación parece cambiar de actitud y, luego de defender con la espada y con la cruz al gobernador priista Ulises Ruiz, pareciera dispuesta a sacrificarlo para no heredar un conflicto que enrarecería aún más la transmisión de poderes a Felipe Calderón, ya de por sí debilitado por la sombra de un presunto fraude electoral.

Dejar vivo el conflicto hasta el 1 de diciembre arrojaría a la nueva Presidencia de la República a manos de los halcones priistas y de los sectores oaxaqueños más conservadores, que encontrarían en la ultraderecha ?ya no tan embozada dentro de las filas del PAN? el respaldo para obligarla a emplear a fuerzas federales en la reconquista de la capital de las siete regiones.

El discurso del ultraconservador Carlos Abascal frente a la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO) apunta hacia el mal menor: romper el tácito pacto que mantiene con el PRI y operar en el Senado de la República y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación la desaparición de poderes en la entidad, con la consecuente remoción de su cargo, tal y como exigen los manifestantes que, en buen número, se encuentran ya a las puertas de la capital del país.

En el fondo, las decisiones que deberá tomar Vicente Fox en los próximos días pasan por la corresponsabilidad de Felipe Calderón, por decir lo menos. Ocupado como está en construirse una imagen para la posteridad que el presente ya le niega, por inmerecida, Fox deberá plegarse a los intereses de su sucesor, que no debe ver con entusiasmo la posibilidad de ser él quien deba mancharse las manos de sangre para satisfacer a los duros del país.

En cualquier caso, el futuro para Calderón no es promisorio. No sólo deberá remar contra la corriente para superar los escollos de la ilegitimidad ?convertido aun antes de tomar posesión en el presidente más débil de la historia del país?, sino que el rompimiento entre PAN y PRI azuzará las intentonas para socavarlo al extremo de poner en riesgo la culminación de su, de por sí, cuestionado mandato de seis años.

El PRI ha chantajeado al PAN con una amenaza no tan velada: si cae Ulises Ruiz por la presión de un movimiento social, caerán otros gobernadores (de preferencia panistas), y por qué no, hasta el presidente de la República. El viejo y carcomido PRI, pese a todo, tiene los recursos y experiencia suficientes para intentar desestabilizar a Calderón. La movilización de Andrés Manuel López Obrador parecería una broma, comparada con el daño que el PRI sí puede causar, si se lo propone. Los operadores priistas han dejado claro a sus interlocutores panistas que, sin ellos, Calderón no podrá gobernar. En los pasillos del poder retumba la sorna con la que argumentan: "O qué, ¿van a negociar con el PRD?".

El PRI juega con lumbre, y pareciera a punto de quemarse. ¿Un acuerdo PAN-PRD? ¿Y por qué no? Imposible no es que la primera y la segunda fuerza política encuentren los mecanismos para asegurar la gobernabilidad mínima que reclama el país, mediante reformas estructurales consensuadas que permitan el desarrollo económico de la nación ?con lo que se aseguraría el respaldo del poder de poderes: el capital nacional y extranjero?, pero con un fuerte acento social que haga bajar a los estratos más urgidos los beneficios de la responsabilidad gubernamental ?lo que despresurizaría el caldero de más de 50 millones de pobres y de muchos que entre ellos ya no tienen nada que perder.

La alianza entre izquierda y derecha que los priistas creen imposible es mucho más práctica y tiene visos de mayor eficacia que el actual maridaje sumiso de los panistas frente a los dinosaurios priistas. A Calderón le conviene más este escenario, porque no sólo le otorgaría la legitimidad que le negó la división en las preferencias del electorado, sino que, incluso, le permitiría recuperar su partido de manos de quienes lo asaltaron en este agónico sexenio: es la oportunidad para refundir a yunqueros y alimañas de su misma especie a las catacumbas donde pertenecen, y devolverle a Acción Nacional la filosofía social cristiana que necesita para gobernar. Carlos Castillo Peraza se lo recomendaría, si estuviera vivo para hacerlo.

Confiemos en que algo de esto habrá aprendido Calderón en su visita a Chile y Argentina, donde los opuestos se aliaron para hacer gobierno, y aprendería aún más si voltea a ver las consecuencias de la polarización en Venezuela y Bolivia. El próximo presidente tiene para elegir.

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Tiempo de incertidumbre

Diario de Guerra (poselectoral)
José Agustín Ortiz Pinchetti
"La Jornada"


Vivimos una especie de reflujo. Los conservadores están apostando a la "normalización por inercia". Suponen que Felipe Calderón va a gozar del apoyo que nuestros usos y costumbres dan al presidente, sea tan inepto como Fox o tan espurio como Salinas o el propio Calderón. Con golpes de mano, Calderón va a acreditarse como hombre decidido y eficaz y además hace cuentas con el apoyo de los grupos de interés; la asociación del PAN y del PRI le permitirá reformas estructurales y la reforma del IVA a alimentos y medicinas para obtener los recursos para su proyecto.

Estas ilusiones conservadoras están reforzadas por un cerco mediático como no vivíamos desde los tiempos de Salinas. Pero no se puede ocultar que existe una ruptura. Vivimos en una casa con paredes y techo craquelados que pueden venirse abajo con el menor sismo. Lo que ha sucedido es grave: Fox ha provocado una regresión política aliándose a la plutocracia; una enfermedad infantil de la democracia es el dominio de los grupos de interés sobre los procesos electorales y sobre el poder. El proyecto moderado de modernización de AMLO fue bloqueado "a como diera lugar". Se deformaron las instituciones y los procesos electorales a fin de cohonestar la competencia desleal y el fraude.

Mucha gente da por supuesto que la gobernabilidad está garantizada. Ni siquiera está garantizado que Calderón tome posesión. Si entendemos por gobernabilidad la imposición de una disciplina democrática en la sociedad y hacemos un examen mínimo de las condiciones en que se le pretende imponer, nos daremos cuenta de la dificultad de la empresa.

Hay causas fundamentales de ingobernabilidad: los actores estratégicos en la comunidad política han perdido su equilibrio. Por otra parte intervienen otros actores que no tienen un papel formal en la contienda. Por ello, el reparto del botín entre los "aliados" no será poca cosa. La tendencia a la ingobernabilidad expresada en el conflicto de Oaxaca se acentúa por los elevados índices de desigualdad y por la acción de "grupos opresores" que ejercieron siempre influencia, pero hasta 1985 no determinaron el manejo de la economía. A partir de entonces, la asociación entre la corrupción política y los negocios ha creado un nuevo orden de cosas que por desgracia ha venido a ratificar el proceso electoral de 2006. El entorno, muy poco favorable. Se espera una recesión en Norteamérica y una baja en los precios del petróleo.

En este panorama sombrío destaca un factor político decisivo. Andrés Manuel López Obrador ha logrado un amplio Frente Progresista y el desencadenamiento de un movimiento que tenderá a coordinarse y a fortalecerse, en la mayoría de los estados de la República, adversarios que nunca tuvieron regímenes espurios que se implantaron en el pasado. AMLO tiene una presencia sólida, grupos, organizaciones, redes que él activará en los próximos meses que serán un factor poderoso en 16 estados, donde millones lo consideran el presidente legítimo.

No creo que Calderón tenga la capacidad para enfrentar tantas adversidades.

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Tabasco, Oaxaca y la represión


Antonio Gershenson

El próximo domingo 15 son las elecciones en Tabasco para gobernador, autoridades y legislatura locales. Como en la elección presidencial del 2 de julio, a pesar de los fraudes, López Obrador le ganó a Madrazo -los dos son de ese estado- por aproximadamente 160 mil votos, teniendo el candidato de la izquierda más de 500 mil votos en total, ese punto de partida ha hecho que ambos bandos le dediquen una atención especial, y también un amplio sector de la opinión pública.

El PAN ahí casi no cuenta. El 2 de julio sacó en números redondos 30 mil votos. Entonces, la alianza PRI-PAN se da en una forma diferente: al PAN le toca el grueso del trabajo sucio, de la guerra sucia. Mucho dinero, como es habitual, del lado de la derecha. Ya les han descubierto algunos depósitos con "regalos" para comprar votos. López Obrador está en Tabasco casi todo el tiempo desde hace semanas, en campaña en favor de los candidatos de la izquierda y esto, claro, la ha apuntalado de manera notoria.

Al mismo tiempo, se dan los sucesos de Oaxaca. Hay un contraste con, por ejemplo, el Distrito Federal, tanto cuando lo gobernó el propio López Obrador, como ahora con Alejandro Encinas. Hay en la capital múltiples movimientos, manifestaciones, plantones por motivos políticos, sociales o por reivindicaciones salariales o en general económicas. Muchas de estas acciones no dependen en su solución de las autoridades del DF, sino de las federales o de las de algún estado. Precisamente está llegando una marcha desde Oaxaca; estuvo, el más notorio, el campamento del Zócalo a Reforma y Periférico, en este caso de la misma izquierda. Pero ni en este caso, ni en ninguno de los otros, incluyendo a grupos del PRI que se han instalado en el Zócalo durante semanas, la respuesta ha sido la represión. Aunque se ha presionado en ese sentido, el Gobierno del DF no ha reprimido.

En Oaxaca ya ha habido represión, inclusive con armas de fuego. Y la ocupación con la marina de guerra de una serie de posiciones en el estado del mismo nombre, así como el sobrevuelo de la ciudad por aviones y helicópteros de la Armada, constituyen amenazas de grueso calibre. Oaxaca está gobernada por el PRI. Como lo estaba el estado de México cuando la carnicería de Atenco, y lo sigue estando. Su aliado en el trabajo sucio, el PAN, ha mostrado en Guadalajara que también reprime de manera salvaje. Los tabasqueños que vean este panorama difícilmente van a votar por un gobernador del PRI.

Una represión adicional, en mayor escala, en Oaxaca, puede ser un golpe electoral adicional para el PRI en Tabasco, y en general para la derecha, dado que el PRIAN actúa ahí, igual que en otros casos, como una sola fuerza. Por lo pronto, mientras que funcionarios federales con una mano amenazan con violencia en gran escala, con la otra negocian y buscan ganar tiempo.

En cualquier caso, la política represiva del gobierno priísta de Oaxaca, sumada a los antecedentes, de los cuales ya mencionamos algunos, debe ser tomada muy en cuenta por los votantes tabasqueños. Además de muchos otros aspectos, se está por elegir entre un gobierno de izquierda, cuyos antecedentes de los que hablamos, en este caso en el Distrito Federal, un gobierno que no reprime sino busca soluciones políticas y, en general, dialogadas, a los problemas, y otro gobierno priísta y derechista que, si llega al poder mediante el fraude, la guerra sucia y la compra de votos con bicicletas y despensas, para sostenerse siendo un gobierno minoritario e ilegítimo, puede seguir el ejemplo de los otros estados a los que nos hemos referido y usar la violencia y la represión.


Por : trueeyes




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