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“Sufragio efectivo, no imposición"

Andrés Manuel
López Obrador


“...la última de las palabras corresponde al pueblo"

Profirio Muñoz Ledo

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* Hoy es miércoles, septiembre 27, 2006

Editoriales del 27 de septiembre

5:14 p. m.

Conjeturas

Alvaro Cepeda Neri
"Por Esto!"




I.- No es, pues, que se repita la historia y tampoco que, cíclicamente, algunos acontecimientos vuelvan a suceder. Por modestos que sean y hasta insignificantes (que los vivimos, sin duda, personalmente), los problemas políticos, económicos, sociales y culturales, aunque no lo parezcan, son nuevos y exigen, consecuentemente, soluciones nuevas. Lo más que pasa es lo que con certera metáfora planteó Carlos Marx (al que la pobreza mundial muy pronto estará invocando, al igual que se piensa en Keynes frente al mercado y capitalismo salvajes), en su brillante ensayo: El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

II.- Marx escribió, entre burla y sarcasmo: "Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa... (y es que) La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos". Verbigracia: la Soberana Convención de Aguascalientes, que sobre todo convocaron y presidieron Villa y Zapata para contrarrestar a Carranza y Obregón; no es repetición ni copia la actual Convención Nacional Democrática, organizada por la oposición perredista y encabezada por López Obrador.

III.- A lo que voy es a la duplicidad que, tras los dudosos resultados de la elección presidencial, se ha generado. La primera, es que electoralmente somos dos países y cada uno, ciudadanos más o ciudadanos menos, con 14 millones de mexicanos.

Económicamente, tenemos muy bien deslindado a dos naciones; una con casi 70 millones de clases medias degradadas, pobres y muy pobres; otra, con 30 millones que incluyen a las 300 familias de ricos, empleados de cuello blanco y quienes se alinearon con lo que es propiamente dicho, una clase media.

IV.- Políticamente, también somos dos sociedades. Una, que busca más democracia y quiere rescatar el republicanismo, ambas por la vía de una mayor intervención del pueblo en la construcción de consensos y participación institucional, agrupados en el centro-izquierda; sobre todo patriota, nacionalista, pugnando por la distribución del poder político y de la riqueza, actualmente capturados por banqueros, empresarios, inversionistas y dos partidos: PRI y PAN, en complicidad con los tres poderes federales y de las Entidades. Más un Congreso General de diputados y senadores donde prevalecen más las transas que las transacciones democráticas.

V.- Por eso el fenómeno de dos Presidentes (la presidencia de Fox ya no cuenta, porque fue un matriarcado y no funcionó por su ineficacia, su corrupción y limitaciones para ejecutar un programa en beneficio del pueblo). Uno, política-electoralmente ilegítimo: Felipe Calderón. El otro es el denominado Presidente políticamente legítimo: López Obrador. A éste le escamotearon la formalidad jurídica, ya que el IFE, el TRIFE, la Corte y tal vez la bisagra PRI-PAN unjan como Presidente Constitucional al panista, para convalidar, desde la manipulación institucional, la victoria pírrica de Calderón... de Fox, de Azuela, del clero político por medio del cardenal Rivera y de los empresarios, de Televisa y todos quienes hicieron una elección gubernamental al estilo del viejo priísmo.

VI.- Geopolíticamente, la mitad del país, del Centro al Norte, con algunas excepciones, individuales y colectivas, se ubica en la derecha, proestadounidense, al servicio de las maquiladoras y con ganas, reprimidas, de anexarse, con la mitad del territorio que nos cercenaron, al "sueño americano". En éste, por cierto, sobreviven, como esclavos, más de 12 millones de mexicanos, entre legales e ilegales, que envían a sus familiares en México más de 30 mil millones de dólares anualmente y por lo que el empobrecimiento masivo no ha estallado todavía. Mitad del territorio que los ricos detentan desde enclaves como Monterrey (con todo y sus mafias del narcotráfico), Hermosillo, Ciudad Juárez, Tijuana, Culiacán y Guadalajara.

VII.- La otra mitad es del Centro al Sur, cuyo eje son la capital del país, Chilpancingo, Morelia, Oaxaca, Toluca, Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez y Veracruz, donde están los sectores más pobres, el desempleo, los salarios de hambre, la falta del cupo escolar, de primaria a escuelas superiores de carácter laico y gratuito (desde el Norte se extienden los colegios privados que rematan con el Tecnológico de Monterrey y las sucursales, estratégicamente ubicadas para coptar a los hijos de los adinerados). Es la geopolítica del empobrecimiento y donde se gestan, por lo general, las guerrillas, las rebeliones, las desobediencias civiles (Oaxaca, el ejemplo más reciente), los levantamientos indígenas.

VIII.- Resquebrajado el cemento de la nacionalidad, por un sinnúmero de embates, internos (la corrupción de las clases dirigentes: políticas y empresariales) y externos (el TLC, la globalización, el capitalismo salvaje, las privatizaciones, etc.), los dispersos núcleos de población por toda la extensión territorial, necesitaban de un catalizador que desencadenara la escisión: dos países, dos presidentes, ricos contra pobres, 14 millones de electores versus 14 millones; derecha e izquierda, democracia y autoritarismo, republicanos y oligarquías-plutocracias... y de pilón: dos gritos de independencia; uno por voz del inquilino de Los Pinos, el otro por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

IX.- Un grito ensalzando las tradiciones conservadoras y clericales, por parte del PAN. El otro, del PRD, elogiando a Juárez y rematando con la última frase de Hidalgo, aún vigente: "¡Muera el mal gobierno!". Ya no existe ni la vieja unidad que cultivó el PRI ni logramos cruzar el umbral para la unión, tras una alternancia fracasada, que nos hiciera inaugurar la transición para resolver "con más democracia" los problemas que se atascaron en las manipuladas elecciones que impidieron el giro republicano-democrático.

X.- Estamos metidos hasta el cuello, en nuevos cuestionamientos para nuestra Sociedad, Gobierno y Estado. Y no hay cabezas políticas en la derecha ni en el PAN ni el PRI, salvo en la oposición de centro-izquierda, ni líderes en el calderonismo-panista, pero sí en el lópezobradorismo, pero la oposición está sitiada por sus enemigos, en un contexto político donde no hay adversarios. Y el riesgo es grave, cuando tenemos dos sociedades, dos países, dos naciones, ricos y pobres, dos presidentes (uno legítimo sin legalidad y otro ilegítimo con legalidad) y electoralmente dos sectores de ciudadanos. Somos un país dividido en dos política, social, cultural y económicamente.

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Amasiato peligroso entre políticos impunes

Juan R. Menéndez Rodríguez
"Por Esto!"


La estafeta de hoy
"La clave de un buen gobierno se basa en la honestidad".-
Thomas Jefferson

Parte de la crisis moral y política que atravesamos actualmente, en nuestro país, se ve y se siente en ese perverso entendimiento, idilio amoral al fin, entre el PRI y el PAN. Lo que parece incierto, es qué va a suceder cuando termine la luna de miel de ese peligroso amasiato. Mientras tanto, amable y estimado lector, sigamos pasivos pues, si esa es la actitud que deseamos adoptar, es decir, la de continuar observando solamente cómo delinquen nuestros "políticos preciosos" al amparo de sus fueros, éstos convertidos hoy, en certificados o patentes de la más amplia e inaudita impunidad...

Así, las conversaciones dadas a conocer entre Emilio Gamboa Patrón y un empresario conocido como "el rey de la mezclilla", de nuevo cimbran la conciencia colectiva. El primero, es una auténtica escoria de la actual clase política mexicana: su llegada a "las grandes ligas" de la política se da cuando el recién electo Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, lo nombra su secretario particular; desde esa posición, se dice que hizo equipo con Carlos Salinas de Gortari para tratar de alcanzar, sin éxito, la candidatura presidencial; como recompensa, se convierte en Secretario de Estado y luego ocupa otros cargos de primer nivel. Después, el infausto político yucateco, sin haber ganado ninguna elección, obtiene una Senaduría y, ahora, en el reacomodo de cuotas de poder, se ubica como líder de la fracción priísta en la Cámara de Diputados. Y es que, basta ver al infame líder de los diputados priístas, Emilio Gamboa Patrón, quien tejió las negociaciones de la Ley Televisa, además de cargar con un obscuro historial que lo vincula claramente con el narcotráfico y con los santos placeres de la pederastia, para darnos una idea del rumbo por el que pudiera ir conduciendo este nefasto personaje al Congreso de la Unión.

Por su parte, el también vicioso y empresario de origen libanés, José Kamel Nacif Borge, ha estado envuelto en el escándalo de la pederastia en los últimos meses, ya que está íntimamente vinculado con el "Gober precioso" Mario Torres Marín y otro empresario, igualmente vicioso e infame, de nombre Jean Thouma Hannah Succar Kuri, encarcelado actualmente en la capital del Estado de Quintana Roo, acusado de abusar sexualmente de menores.

Más allá de la veracidad de las conversaciones dadas a conocer, lo que hoy nos preocupa es la impunidad con que un político puede actuar, y las facilidades que los cargos públicos otorgan para evadir investigaciones y acusaciones legales.

Cuando observamos a políticos cometiendo actos relacionados con la corrupción, obligadamente se pone en la mesa del debate la figura del fuero constitucional.

Desde sus inicios, los periódicos POR ESTO! han informado y denunciado, de manera puntual y veraz, con verdadera pasión y entrega, de casos de corrupción cometidos por funcionarios públicos; con ello, el público lector se ha dado perfectamente cuenta que, parte del ejercicio político y de las funciones públicas, se desarrollan en las alcantarillas y en los drenajes del poder.

Si los personajes involucrados fueran simples ciudadanos y hubieran hecho lo que hicieron sin ostentar un cargo público, las cosas fueran totalmente distintas, pero tratándose de funcionarios públicos, lamentablemente, no se producen las consecuencias que el pueblo espera.

El fuero constitucional que gozan quienes detentan la calidad de altos funcionarios impide que esos representantes ante el Congreso de la Unión, sean enjuiciados como el resto de la ciudadanía común.

El fuero constitucional es una categoría conferida a quienes detentan un alto cargo, como es el caso, entre otros, de los diputados y senadores; mediante esta institución, estos funcionarios no pueden ser juzgados penalmente mientras conserven su fuero, de tal forma que cuando alguno de estos personajes sea señalado como probable responsable de un delito, se requiere que primero, en el Congreso, se determine la declaración de procedencia, lo que ordinariamente se conoce como "desafuero".

Lo anterior significa que, antes de ser procesado ordinariamente, el Congreso determine si procede o no el que el alto funcionario sea sometido a juicio. Esto es, que si existe una solicitud de procedencia o desafuero y ésta no procede, el alto funcionario no podrá ser juzgado hasta que concluya su período o mandato.

La figura del fuero tiene su origen y respaldo en el argumento de que quienes detentaran altos cargos o fueran electos, no se vieran sometidos a juicio como producto de su actuación, como representantes populares; es decir, que no se vieran coaccionados en su quehacer público. Recordemos que todavía en el siglo pasado, hubo quienes pagaron con su vida su desempeño y valentía en el Congreso o Gobierno, por defender causas justas o por oponerse a gobernantes tiranos y espurios, como Victoriano Huerta. Pero de ahí a que no puedan ser enjuiciados o sometidos a procesos penales por haber cometido conductas abiertamente delictivas resulta absurdo; el fuero no es, ni debe constituirse en certificado o patente de impunidad por tres o seis años, según sea el caso.

Si aspiramos a ser un país verdaderamente democrático, debemos avanzar en este tema. Resulta obligado revisar los alcances y las justificaciones que sustentan la figura del fuero constitucional, ya que la experiencia nos ha demostrado que los nefastos personajes que se han visto involucrados, en estos casos, no han tenido la hombría de renunciar a sus cargos y se limitan, en el mejor de los casos, a pedir supuestas licencias que no eliminan el fuero. Es por ello que se debe legislar para que, en lo futuro, no se siga otorgando certificados o patentes de impunidad a altos funcionarios, quienes, por cierto, en su mayoría, no ganan sus cargos mediante votos en las casillas, sino en la participación de posiciones que corresponde a las plutocracias partidistas a través de los cargos plurinominales.

Y, finalmente, amable y estimado lector, se ha dicho que México es un país de cínicos; cuando se presentan casos de escándalo seguimos vislumbrando que nada va a pasar y nadie va a ser castigado. ¿Hasta cuándo entenderemos que una cosa es la política partidista y otra es cometer conductas delictivas que deben castigarse como tales?

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Lluvia de denuestos

Luis Linares Zapata
"La Jornada"


Los motejos que le sorrajaron durante la campaña no fueron suficientes. Los temores a su imaginación y accionar obligan a un ensayo adicional para sepultarlo. A López Obrador le dijeron populista, provinciano, demagogo, autoritario, peligro para México y, trepados a un inquisitivo y penetrante diván siquiátrico a distancia, le diagnosticaron el culterano y estúpido calificativo de mesiánico. Las circunstancias actuales de plena acción protestataria han requerido algunos de nueva manufactura que lo describa: cacique, dictador, tirano, tramposo, embaucador, payaso y hasta bufón. La violencia del lenguaje no repara en medios a usar cuando de salvar privilegios se trata. O, más allá todavía cuando está en juego la conservación de un cargo público ambicionado con pasión. Entonces, cualquier indignidad disfrazada de crítica vale. Sus voraces denostadores continúan lanzándole epítetos en la medida en que avanza y se bifurcan las propuestas políticas del tabasqueño. O tal vez sea, solamente, un miedo atroz al populacho que lo respalda lo que encrespe las aguas y se enterquen en combatirlo con delirio rayano en la fobia, en enfermiza cólera.

La cristalización de sus ideas en formas y maneras precisas para conducir la energía desatada por el conflicto poselectoral se puede observar a simple vista. La primera de ellas es la convención nacional democrática. La segunda concreción apunta hacia el frente amplio democrático, semilla de un posible partido de izquierda que dé peleas electorales futuras ante la atornillada derecha panista que intenta retener la silla presidencial por lo menos, dicen sus profetas, unos 20 o 30 años más.

Pero lo preocupante para muchos observadores acuciosos y no tan vanidosos, livianos, frívolos, interesados o fundamentalistas, es la decisión de AMLO de embarcarse en un movimiento de transformación que servirá de sostén masivo a sus proyectos para depurar la política, para empujar programas de gobierno y para fortalecer sus protestas contra la enajenación de la riqueza nacional.

La movilización de la sociedad, en especial de aquellos sectores de la misma que sobreviven en apreturas sin fin, de los que amamantan agravios continuos, los que atisban -con rabia- el achique continuado y feroz de sus oportunidades, además de ser un fenómeno desconocido en el país, se le mira con recelo, con ira, con pavor envuelto en desprecio. Buscar, en compañía de los de abajo, los desamparados, de los grupos ya organizados para su autodefensa, de los que han llegado a la conciencia y el deber de impulsar un cambio de cosas es, para muchos observadores exquisitos, o para esos infantes terribles de la verdad académica, una utopía digna de un salón de fiestas infantiles.

La decisión de AMLO de recorrer este México de las desigualdades se presenta, ante la comunidad de los que se han catalogado a sí mismos como pacíficos, una aventura sin sentido. Afirman, con el desparpajo de la cómoda distancia del cubículo, que AMLO y los que le siguen el cuento, han caído en la rueca sinfín de una república entre comillas, es decir, inexistente, fantasmagórica, poblada de fantasías, concupiscencias y delitos. Un territorio en el que no cabe la realidad, apenas el sueño que se inventa una mente calenturienta para disfrazar sus incapacidades, para dar rienda suelta a su megalomanía.

Así de sencillo y colorido es el exorcismo que se practica por estos días en los medios de comunicación, en los salones distinguidos, en los foros internacionales donde figurones de la literatura ponderan sin recato, con exabruptos y mínima sensibilidad. Ahí es donde exhortan a López Obrador, y compañeros de aventura, a que dejen las payasadas, eviten causar pena ajena, se distancien del ridículo. Eso de autonombrarse presidente itinerante en pos de organizar (lo que algunos llaman) el descontento que bulle por doquier, es un simple antídoto de la derrota sufrida en las urnas. Tratar de dar voz a quien se le acerca sólo para engatusarlos con sus problemas irresolubles es una comedia que a nada conducirá, concluyen satisfechos de su hallazgo verbal. Como si tal conjuro los pusiera a salvo de cualquier consecuencia indeseada. Como si, una vez dichas, las palabras encajadas en el ya muy macerado cuerpo de AMLO pudieran salvaguardar los intereses que defienden y que ven en entredicho si las masas, efectivamente, responden al llamado del predicador pueblerino y su movimiento transformador.

Mientras esto sucede, el oficialismo se lanza sin tapujos a sus propias urgencias: las famosas reformas estructurales. Reformas retenidas, saboteadas por los necios e irredentos opositores a todo. Las mismas que entrevió Salinas, pero que no pudo formular, quizá por simple incapacidad o falta de tiempo. Las que le impusieron a un Zedillo (por lo demás ya bien convencido de ellas) desde el Washington de William Clinton cuando le aflojó aquellos 30 mil millones de dólares que salvaron al régimen de la catástrofe. Las meras reformas estructurales que Fox persiguió en sus prozaicos sueños de vendedor estrellan en el universo cocacolero de donde no debió de haber salido, y que no las pudo ni presentar en forma debida ante el Congreso.

Esas mismas reformas, embalajes de los más descarnados intereses trasnacionalizados, las de las aspiraciones eficientistas de los tecnócratas del priísmo cómplice, ya desplazados, pero con arrestos por volver, como Macarthurs de bolsillo, a difundir su chato evangelio entreguista. A esas reformas han dedicado sus primeros pasos, nacionales e internacionales los que se afanan en formar parte del nuevo gobierno. Lo nuevo, lo distinto de antes, es el grado de tolerancia límite al que buena parte de la sociedad mexicana ha llegado respecto a las injusticias, a las desigualdades, a la aplicación desviada del derecho y el cómplice desuso de las instituciones.


Por : trueeyes




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